miércoles, 28 de enero de 2009

Dos

La otra tarde noche disfrutaba de un caramelo media hora (caramelo duro sabor a anetol) a la sombra de un ombú recién regado con agua ardiente de termas romanas, traída especialmente en un termo uruguayo recubierto en cuero de curupati guazú con exceso de carbohidratos (el curupati guazú es un bichito muy pintoresco del litoral argentino, es una especie de carpincho pero sin los pinchos y tampoco vive en carpa, y su comportamiento para con otros animalitos es altamente altanero y burlón), de pronto el aire comenzó a describir un movimiento horizontal, seguramente causado por las diferencias de presión atmosférica originadas por la reacción química que ocasionó el agua ardiente al ser absorbida por las raíces justo después de la fotofosforilación e insertarse en el ciclo de Calvin-Benson, lo que hizo al ombú producir una ribulosa bifosfato bastante degenerada que causo una mayor densidad del dióxido de carbono expulsado que al tomar contacto con el ozono condensó la masa de aire frío que llegaba del sur y provoco este fenómeno metereológico; en criollo: empezó a soplar el vientito de lluvia, así que me levante con una inimaginable parsimonia, tomé con preocupante tranquilidad mis ojotas que yacían a un lado del gran tallo del árbol y empecé a caminar hacia mi casa con una paz totalmente asquerosa; la puerta estaba a unos interminables 3 metros cuando de un paso al otro me harté, me cansé de tanto bienestar, demasiado contacto con la naturaleza para una sola tarde, desde la boca del estomago salió, cual vomito de vino espumante recién fermentado, un grito desahogador: “Odio a Michael Landoooooooooon!!!!!!!!!!!!!!” me sentí totalmente liberado y entré a mi casa desaforado, pateando la puerta al mejor estilo Steven Seagal, dejé las ojotas y me calcé unos borsegos de cuero de borregos pigmeos de la selva tropical de Florencio Varela con punta de acero (especiales para salir a patear sapos los días de lluvia, escuchando en el mp3 el kill´em all de metallica), quería salir a la calle y mostrar mi rebeldía contra todo, así que me puse unas calzas rojas pata de elefante que me quedaban pintadas; arriba para no desencajar me puse una polera polaca color polen tirando a polenta sin magia; ya estaba listo para salir y enfrentar a la lluvia, al mundo, pero no sabia para donde ir, mientras me decidía me dije: “por que no tomarme un zumuva on the rocks para matar el tiempo?...” así a mitad del tetra se me clarifico todo, sabía lo que quería y lo quería ya; moría de ganas de hacerme un tatuaje del Cabo Reyes (Ayudante del Sargento García, personajes de “El Zorro”); así que totalmente decidido me aventure a la calle tarareando la canción del momento (acá el verano está claro).
Ya había caminado bastante y no encontraba una sola sala de tatoo; pero había un cartel bastante enfermizo en todas las paredes que veía, era una propaganda de una película; “Las aventuras del Gran General en la Edad Media” y había una foto de un tipo parecido a Perón que estaba con un pelirrojo de chaleco verde botella; ese cartel me perturbo bastante así que sin razón aparente empecé a correr revoleando los brazos para todos lados, por sobre encima de mi cabeza; movía los brazos como si me atacara una bandada de gaviotas entrerrianas con la glándula suprarrenal del hemisferio izquierdo afectada por alguna especie de virus subyacente seguramente contagiado por la picada de alguna pulga atómica de los llanos de Chernóbil que en esta época abundan por el Sur del Gran Bs. As., quizás por tomar agua con detergente; la cosa que corría como Adrian Suar en Comodines, no va que me choco con un tipo demasiado suelto de cintura, o sea, bastante ancho, pelado y con mas tatuajes que piel, era el tipo indicado para preguntarle por un local de tatoo pero tuve tanta mala suerte que en el choque le volqué una cindor que estaba tomando y le tire un pancho con salsa provolone, criolla y papitas pai, que tenia en la mano; antes que le pida disculpas el tipo ya me había gritado: “Pero que haces? Pelotudoooo!!!!!!!!!....”, me incorpore rápidamente y con vos firme le conteste: “Pero pelado; como queres que te esquive? Cuando te vi venir me sentí como un participante del muro infernal, 3, 2,1 gordoooooooo…”; se ve que mucho no le gusto mi respuesta por que vi su puño muy cerrado acercarse muy rápido a mi cara; desde ahí no me acuerdo de nada, me desperté esta mañana con un terrible dolor de todo y sin mi tatuaje así que totalmente de mal humor me tome una aspirina, me puse un disfraz de zanahoria recién cosechada en una huerta, de la ciudad de Antananarivo (África), regada con liquido para frenos y refrigerante; estoy tratando de levantarme el ánimo asustando viejecillas en las verdulerías del barrio.

5 comentarios:

rayuela dijo...

Y aquí estoy, nuevamente, leyendo las quijotescas letras letradas que cuando toman contacto con mis ojos estallan en brillantes brillos cual diente de Pedro Navaja,y, por recordar a Pedro Navaja, me dan ganas de calzarme unos borcegos como los del tipo del cuento y salir a la vereda,esperando que llueva, porque sino, sapos para patear no hay.
Y ya me cansé de tanto bienestar escribiente...y digo....jajajajjajajajajajajjjajajajja!!!


VOY A MORIR DE RRRRIIIIIIIIIIISSSSAAAAAAAA!!!!!!!!!!!!!!!!!!



aaahhhhhhhhhhhhhhhhhhhh!!!!!!!!!!!!!!


Besos!

Rolalola dijo...

JUAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAJUAJUUAAJUUUAJUAJAUUUUU!!!!!!!!

Al mejor estilo vos, muuuuy buenooo!!!
Che, al de chaleco verde botella lo conozco de algún lado... pero de donde...? MA si, si estaba con el general, debe ser amigo. VIA PERON CARAJO!!

DELIRICOM dijo...

NO ROLA, ASI NO TE ENSEÑE!!! ES VIVA PERON!!! "VIVA", NO VIA, VI-VA; A VER SI TE SALE...

CeLeS! dijo...

jajajajajajajaja



JUAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA!!!!!!


Estás loco (a borbotones), seguí tomando zumuva on the rocks que te hace bien!!!
Excelente che!



PD: es que rola lo echa al general, "via, via" le dice...

elparaisodelalocura dijo...

ajajaj a buenoooo!
querido..como andas?
no te lei mas por mi blog
dentro de poco te voy a mandar un mail para confirmarte lo de las obras como paso tanto ya jajaa
un beso